sábado 14 de marzo de 2009

KUALA LUMPUR

Las inevitables Torres Petronas. Pero la foto mola (la hizo Fran, claro).


Con un mes de retraso, voy a hacer un pequeño resumen de mi viaje a Malasia en compañía de Fran. El mismo día que mi hermano cogía un avión de vuelta a España nosotros nos embarcaos camino de Kuala Lumpur, donde nos esperaba un guía de lujo: Mr. Isaac Entry.


Isaac es el novio de Nuria, la profe española de la Universidad, y la verdad es que me cayó bien desde el primer momento. Aunque malayo de nacimiento -todo un dayako como los que salían en las novelas de Sandokán- ha vivido muchos años en Australia y ahora lleva unos meses pululando por Guangzhou. Mientras Nuria pasaba las vacaciones en España, él se tuvo que volver a Kuala Lumpur para rodar unos anuncios – hace video, foto, sonido y lo que caiga, además de ser músico. No hay mejor viaje que cuando cuentas con un amigo de guía local, así que allí nos plantamos.


A lo tonto, son cuatro horas de avión, aunque a vosotros os parecerá que vivo aquí al lado. Llegamos sobre la 1 de la mañana y descubrimos que algún gracioso ha construido el aeropuerto a más de 90 km de la ciudad. … Un ratín de nada para el loco que conducía el autocar en el espeluznante trayecto a KL.


Después de tirar las maletas en el hostal, todavía salimos a dar una vueltecilla, sorprendidos por el ambientazo que había en la calle a esas horas. Y eso que era miércoles. Restaurantes abiertos las 24 horas, un montón de gente pululando... Está lleno de locales de masajes, donde metes los pies en un acuario y unos peces chiquitines te mordisquean y, al parecer, te dejan la piel como nueva. Pero no, no probamos.


Templo hindú en "Little India". A esta conviene rezarle, por si acaso...


KL es una ciudad “pequeña” -en torno a un millón y medio de habitantes-, cómoda para ir andando a todas partes. Como sólo tiene unos 150 años de historia, no hay muchos hitos que ver aparte de las archiconocidas Torres Petronas. Lo más interesante está en la calle, en esa mezcla de malayos (y de ellos, hay más de 100 tribus diferentes), chinos (un 20% de la población), hindúes, árabes, persas y occidentales. Con la ventaja de que, como antigua colonia británica, todo el mundo habla inglés. Todos los colores... y todos los sabores, porque se come muy muy bien y si te cansas de la comida malaya, te pasas a la china, la hindú o la árabe.


La temperatura es siempre magnífica -en todo el año no baja de 20 grados ni sube de 32- , que estamos ya en el Ecuador. La gente vive en la calle entre un bullicio y una animación constantes. Charlan con los amigos, regatean en los mercadillos, comen en alguna terraza y se beben sus cervezas sin hacer mucho caso a lo que digan las autoridades islámicas.


Porque Malasia, quien lo diría, es un país musulmán. Pero aquí la gente lo lleva a su manera. El viernes sobre la 1 es la hora de la oración y se detiene el país. Se llenan las mezquitas y hasta en las aceras cualquiera pone su alfombra y reza mirando a la Meca. Pero sólo los hombres, por lo que las mujeres -y algún que otro listo-. aprovechan para llenar restaurantes y tiendas en alegre algarabía.


En un país en el que la tenencia de drogas está castigada con la pena de muerte, son los policías quienes las venden. El gobierno es extremadamente corrupto -quiero decir, incluso por encima de la media mundial- y las elecciones un cachondeo. Pero dicen que la economía funciona -”Malasia va bien”, que diría el otro-, tanto que en los bares los camareros son inmigrantes de Laos, Camboya o Birmania.


Lo pasamos bien y además como colofón disfrutamos de un concierto del mismísimo Isaac Entry la última noche. En apenas 6 días, da tiempo para ver KL pero no para conocer Malasia, así que nos queda pendiente para otra ocasión la visita a Borneo o a esas playas paradisíacas que dicen que hay



jueves 26 de febrero de 2009

很舒服 (MUY CÓMODO)

Almohadas de cerámica en el museo de la tumba Yue (南越王墓)

Hen shufu! Y no sólo te dirán que es cómodo, te dirán que es bueno para la salud (como beber agua caliente...)

我 弟弟 (MI HERMANITO)


Las 5 cabras -símbolo de Guangzhou- y los 2 cabrones -símbolo de la pereza. (El 99.9% de los chinos hace ese gesto con los dedos en todas sus fotos).


En enero recibí mi primera visita desde España. Y se trataba de un viajero muy especial: wo didi, o sea, mi hermanito. Casi un mes entero estuvo de paseo por estas tierras.


Lástima que estas no fueran las fechas más propicias para visitar China -con el norte en temperaturas bajo cero (-12 en Beijing)- pero era el único hueco en su apretadísima agenda de mangante (va camino de superar a su hermano mayor). Aquí, quitando una semana, no tuvimos problemas con el frío, pero tampoco pudo disfrutar del agradable calor que hace la mayor parte del año. A esto hay que sumarle que todo coincidió con el Año Nuevo Chino, que es algo para un post aparte. Aquí baste decir que era IMPOSIBLE viajar por China a partir del 15 de enero, por los precios, el petazo indescriptible de gente o, simplemente, porque ni siquiera había vuelos.


Hubiera estado bien aprovechar la oportunidad para visitar algún otro país de la zona, pero por un error con el tema del visado, el muy gañán venía sólo con una entrada (lo que quiere decir que si salía de China no le iban a dejar volver). Así que ni a Hong Kong pudimos ir.


Tampoco es que nos podamos quejar. En más de tres semanas de visita sólo nos tomamos un día de descanso completo y aun nos quedaron cosas por ver en Guangzhou. No es una ciudad muy turística que se diga, pero tiene sus cosas. Que si el Templo de los Seis Baianos (o Pagoda de las Flores), el bonito Yuexiu Park, la ajetreada Shang Xia Jiu Lu, el crucero por el río...


Con todo, el verdadero el espectáculo está en la calle. Para un visitante, hasta subir al autobús resulta una experiencia increíble; imaginaros lo que puede ser salir de fiesta... En el tema de la comida no estamos precisamente ante un sibarita (y aquí no hay filetes con patatas), pero la verdad es que se portó: probó la rana y hasta comió vegetales (lo nunca visto).


Debería ser él quién contara que la ha parecido esto, pero se ve que se marchó contento y prometiendo volver. De lo que cuente por allá, creeros la mitad, como con Marco Polo. Pero a ver si alguien más se anima, que hay sitio en casa...



jueves 29 de enero de 2009

COCINERO ANTES QUE FRAILE

Concurso: ponga usted su propio pie de foto.

Con mi hermano por aquí de visita, aun no había tenido fuerzas ni tiempo para contaros lo del trabajo de “cocinero”. Un trabajo conseguido por mi agente que constituyó un nuevo reto interpretativo en mi carrera. Se trataba nada más -y nada menos- que de hacer de chef italiano en una promoción de aceite de oliva en supermercados. Demencial.


La foto ya lo dice todo, pero voy a explicarme un poco. Un español, vestido con uniforme francés, haciéndose pasar por cocinero italiano en un supermercado chino, cocinando comida... marciana. Supuestamente debía hacer tres platos, pero la “pasta” quedó descartada desde el primer día, toda vez que al abrir la bolsa salieron más insectos que macarrones. Y se ve que no entraba en el presupuesto comprar otra bolsa. Así pues, el asunto quedó reducido a unas surrealistas salchichas con vegetales (pimiento, puerro, cebolla y, si había sobrado de un plato anterior, tomate), a las que el tío se empeñaba en añadir pimienta de Sichuan y ketchup. Y el aun más inverosímil pan tumaca, con el pan untado en mantequilla (más barato que el aceite de la promoción, sic), el tomate cortado en daditos y frito y los repetidos intentos del jefe de añadirle curry (¡curry!) a la cosa aquella.


A todo esto se esperaba de mí una actuación estelar, como si fuera un verdadero chef -un Arguiñano pobre pobre y sin fundamento-, que debía cortar los pimientos, las salchichas, el pan, “profesionalmente” (sic de nuevo), mientras agitaba la sartén con frenesí, para que pareciera que hacia algo, e interactuaba con el (posible) público chino. Y es que allí, en aquella esquina del supermercado, tan pronto no había absolutamente nadie mirando, como tenía a 20 marujas con sus respectivos contemplando ensimismadas como cortaba una cebolla (y la mayoría se iban decepcionadas).


Luego aquello había que ofrecerlo y no todo el mundo se atrevía a probar. A veces, bueno, nadie. Entonces había que salir a los pasillos, bandeja en ristre, sonriente, chapurreando en chino, y perseguir a los clientes. Mis víctimas favoritas eran los niños, que se me quedaban mirando fascinados y están siempre dispuestos a coger cualquier cosa que les des. Si prueba el niño, suele probar la madre y así te ibas quitando la comida de encima. Con los viejos la cosa estaba más chunga, porque generalmente echaban a correr espantados, con asombrosa agilidad, en cuanto yo les acercaba el plato. Mientras, mis azafatas se desgañitaban anunciando el producto inútilmente por 90 miserables yuanes de sueldo diario.


Y es que, no nos engañemos, aquí el aceite de oliva no lo compra ni dios, quitando alguna parejita de treintañeros con pinta de tener algo de pasta y ganas de imitar el estilo de vida occidental. Estábamos rodeados de estanterías y estanterías de aceite de cacahuete, totalmente derrotados por el aceite de cacahuete. Un naufragio en toda regla. Pero había que volver a cocinar...


Hasta donde yo sé, no matamos a nadie. Y eso que aquello muy higiénico no era y que la mezcla explosiva de semejantes mejunjes tenía su peligro. Al principio era terrible, sobre todo por la cantidad de instrucciones contradictorias que me daban, pero en cuanto decidí hacerlo a mi manera, la cosa fue rodada. Me despedí, de hecho, en plan espectáculo total, armando el gran show ante un público entusiasta que devoró el pan tumaca (para acabar, les hice the real one). Y si no compraron aceite, pues no es culpa mía...

jueves 22 de enero de 2009

APROBANDO

Cena de clase: homenaje a nuestros compañeros rusos. Con Chen y Han laoshi


Vuelvo por fin a actualizar, después de unos días en que he estado sin ordenador ni internet. Cascó el disco duro y perdí de paso todo lo que tenía dentro...

Por seguir un orden con las noticias, hablaré primero de los exámenes y demás. Acabamos el semestre el 31 de diciembre y empezaremos el próximo el 19 de febrero. Y subiendo de nivel, porque he aprobado. El chino...

O mejor dicho, me han aprobado. Desde luego en el caso del Writing en el que pusieron justo el 60 que necesitaba. La profe, Chen laoshi, ha tenido que tirar para arriba con la nota... Al parecer han valorado mi (supuesto) esfuerzo, el hecho de estar trabajando a la vez y todo eso. ¿O será un aprobado ganado a base de cervezas y licor de arroz en la cena de clase? En todo caso, inmerecido, porque escribir es de largo lo que peor se me da.

En Listening (lo llamaremos Audición para que se entere papá) saqué un 72 sin estudiar demasiado; era fácil. Y eso que acabé de los tonos hasta las narices. Me queda el orgullo de ser de los pocos que no copiaron, porque me parece una tontería hacerlo.

Pero lo más increíble fue lo de Speaking (Hablado). Vale que lo hice bien para lo que sé, pero es que si yo saco un 80 hay gente en clase que se merece un 200. Si es que la profesora consiguió hasta emocionarme. Me habló de lo que le gusta la clase, el grupo, de lo difícil que debe ser para mi el chino, de que si trabajo, que si no sé que... para acabar diciendo que me iba a ayudar a aprender chino por narices. ¡Quiere que yo le de clases de inglés! Intercambio de conversación inglés-mandarín dos veces por semana. Acepté encantado, claro. Y a esta profe yo la llamaba “la loca”... A partir de ahora es Han laoshi. Respeto.

Bien está lo que bien acaba. Me alegra haber aprobado, por supuesto, pero eso no quiere decir que mi chino sea mejor después de las notas. Y como certificados y demás me dan igual, hay que seguir, aprendiendo, aprendiendo... Por jodido que sea. Lo de estudiar ya sabéis que me da “algo” de pereza, pero en serio que no me he aplicado “tanto” en la vida. Aun así, debería de estudiar bastante más.

Añado como nota que los días de los exámenes fueron una locura. Con curro por el medio y la maravillosa inundación (se rompió una tubería en mi casa). Pero, sobre todo, con la presencia de los indomables amigos de Fran, unos auténticos titanes de la farra, el bullicio y la jarana. Tres semanas sin descanso pateando Guangzhou, Macao y Hong Kong, regateando más que Messi, saliendo más que el que lo inventó... y sin perder la sonrisa.

Después de eso, necesitaba descansar. Pero, no, aun tocaba trabajar como cocinero...

miércoles 31 de diciembre de 2008

FELIZ AÑO


FELIZ AÑO !!!


Aunque yo lo empezaré trabajando... A la hora en que vosotros os atragantáis con las uvas (poco se han reido mis estudiantes con lo de las uvas), yo me levantaré para ir a currar... de cocinero italiano. Es para estudiar la capacidad que tengo para joder la Nochevieja, ya me ha tocado trabajar un montón de veces y hasta empecé el famoso 2000 escayolado en casita. Pero, como dice Madera, los profesionales no salimos ese día...


Aprovecho además para deciros que hay otra entrada en el blog que, por motivos de edición (e impericia), sale justo debajo de la de "xue xi hanyu". Ahi cuento mis (pen)últimas aventuras en el mundo del celuloide. Por si no la habiáis visto. A reirse tocan. Y dejad comentarios (es gratis).


Y en próximas entregas... mis examenes de chino, la inundación de mi casa y mucho mucho más...


Ahora me voy de fiesta. Pero poco, eh, poco. Pasadlo bien y mucha suerte para el 2009

sábado 27 de diciembre de 2008

我学习汉语 WO XUE XI HAN YU

Estudio chino, sí, y de verdad que estudio más de lo que lo haya hecho en toda mi vida, pero que idioma tan complicado…


El mandarín (hanyu o putonghua) es el idioma oficial de China desde 1949. Ganó la votación, por poco, al cantonés. Todos los chinos hablan mandarín (es el único lenguaje que se estudia en la escuela), pero eso no quiere decir que lo utilicen siempre. De hecho, por las calles de Guagnzhou se escucha mucho más el cantonés, que es también el idioma que se habla en las grandes comunidades chinas esparcidas por Asia (Malasia, Singapur... ).


El chino standard sigue las reglas del habla utilizada en Beijing y la zona norte. Ya os podéis imaginar las diferencias que hay entre el chino del norte y el del sur. Si a un andaluz ya nos cuesta entenderle, con las distancias que hay en este país…


Para aprender un idioma tienes que pensar en él, no basta con hacer traducción automática. Hay cosas que uno ya ha interiorizado –saludos, ¿cuanto cuesta esto?...- pero aun estoy muy lejos de poder hablar chino. Me defiendo como puedo, eso sí. Entiendo muchísimo más de lo que hablo y leo cien veces más de lo que escribo.


La pronunciación es dificilísima. Prácticamente ninguna consonante suena igual que en español, si acaso la f y la m. Algunas como la n, la l o la x son muy parecidas y otras como la k, la t o la p andan cerca. Luego los sonidos c, ch, j, q y zh son una especia de chs españolas y para nosotros suenan casi igual, pero para ellos no. No es de extrañar, pues, que el chino os parezca una sucesión de chin chon chen…( a mi también me lo parece a veces). Con las vocales va mejor, aunque la e es una a larga, tienen la ü francesa y los diptongos suenan diferentes.


Pero es que encima tienen 5 tonos (cuatro y el neutro), con lo cual no es lo mismo decir ma que má o zuó que zuò. Y no es que no sea lo mismo, es que ni te entienden…


Dentro de lo que cabe, al menos la gramática no es tan extraña para nosotros. Y tiene la ventaja de que no hay desinencias de género o de número y los verbos no se conjugan.


Lo más difícil de largo es la escritura, claro. Está el pinyin, que es la transcripción fonética a letras occidentales, imprescindible para estudiar chino. Pero ellos no lo utilizan, obviamente. De hecho hay quienes no saben nada de pinyin e, incluso los universitarios cometen muchos errores al usarlo. Así que toca leer (hasta para coger el autobús…) y escribir (más difícil todavía) en caracteres chinos: hanzi.


Os pongo como ejemplo de escritura la dirección de mi casa (a ver si alguien se anima…):中国广东省广州市白云区从云路68号保利山庄17604


Así pues, vocabulario, fonética, tonos, caracteres… Misión complicada. El otro día conocí a un australiano que lleva 8 años aquí y está casado con una china. Bien, pues no habla chino. Este idioma no lo coges en la calle, hay que estudiar.